(27/08/08)
Es la aplicación con fines terapéuticos de calor sobre el organismo por medio de cuerpos materiales de temperatura elevada, por encima de los niveles fisiológicos.
El agente terapéutico es el calor, que se propaga desde el agente térmico hasta el organismo, produciendo en principio una elevación de la temperatura y, como consecuencia de esta elevación, surgen los efectos terapéuticos.
Para que un agente térmico se considere caliente debe estar entre los 34 y 36º C como mínimo y el límite superior está fijado con respecto a la sensibilidad cutánea y no debe sobrepasar los 58º C.
El hombre es un ser homeotermo, es decir, que mantiene su temperatura constante. Esto lo realiza por medio de un proceso denominado termorregulación, necesario para poder realizar todos los procesos vitales.
La variación de la temperatura va a poner en marcha la termorregulación y esto va a producir ante una elevación de la temperatura una vasodilatación periférica, sudoración, hiperventilación, irradiación térmica y piloerección.
Si hay un descenso de la temperatura el cuerpo va a responder con una vasoconstricción periférica, un estimulo circulatorio profundo, activación de los órganos internos y contracción muscular.
Efectos terapéuticos de la termoterapia:
Efecto antinflamatorio pudiendo utilizarse en inflamaciones excepto cuando están en fase aguda.
Efecto analgésico, se obtiene a los pocos minutos. La intensidad de la analgesia depende del grado de temperatura, el tiempo de aplicación y de las condiciones del paciente.
Efecto antiespasmódico, actúa sobre los espasmos y las contracturas musculares, tanto si son músculos esqueléticos o vísceras.
Efecto revulsivo, la termoterapia intensa local puede producir un aumento de la circulación sanguínea.
Efecto cauterizante, el calor aplicado en una zona limitada y con una intensidad muy superior a la tolerancia cutánea, produce la destrucción de los tejidos por quemadura.
Indicaciones de la termoterapia:
Aparato locomotor: en contusiones musculares y articulares, artritis, artrosis, esguinces, mialgias, desgarros musculares...etc.
Sistema nervioso: en neuralgias, neuritis, contracturas y espasmos de origen central.
Aparato circulatorio: en enfermedades vasculares como la arterioesclerosis.
Aparato urogenital: en nefritis cistitis, litiasis.
Aparato digestivo: dolores gástricos, cólicos.
Aparato respiratorio: bronquiectasias, laringitis, pleuritis.
Enfermedades metabólicas como la obesidad.
Sobre la piel: en procesos inflamatorios como los abcesos.
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