(24/08/07)
En Estados Unidos, el sector ejecutivo se ha percatado de que las arrugas en la frente transmiten preocupación, en el ceño, enfado, y una barriga o papada prominentes, un relajo excesivo.
Según la Academia Estadounidense de Cirugía Plástica y Reconstructora, el 22 por ciento de los hombres y el 15 de las mujeres que solicitan este tipo de intervenciones lo hacen por motivos laborales, algo que empieza a contagiarse en España, donde el aumento total en los últimos cinco años ha sido del 135 por ciento, datos de la Sociedad Española de Cirugía y Medicina Cosmética (SEMCC).
Agentes inmobiliarios, directivos de empresas y pilotos aéreos son, según los expertos, los primeros en recurrir a ello. Y es que la vida profesional tiende a estirarse, pero no así el reloj biológico. Puestos a mejorar la apariencia, ¿bisturí, sí o no? Hay un segmento amplio que descarta la cirugía y busca recursos mínimamente invasivos sin que sea necesaria una baja laboral, aunque también existe un sector de hombres que lo que hacen es posponerla cuando la medicina estética se queda corta: liposucción de barriga, corregir orejeras, rinoplastias. Quizá porque aún son ellos los que a menudo siguen llevando los pantalones en los puestos directivos, quizá porque cada vez más se suben al carro de la estética, o porque necesitan justificarlo, son mayoritariamente hombres los protagonistas de las llamadas técnicas de ejecutivo.
Un estudio realizado en 1994 por la Universidad de Texas y la Estatal de Michigan reveló que los profesionales con una belleza por encima de la media obtienen mejores salarios.
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