(22/08/07)
El acné es tan común que se estima que el 85 por ciento de la población ha conocido en carne propia de qué se trata, aunque con grados de severidad muy diferentes.
Las lesiones típicas del acné se conocen como comedones, los cerrados son los puntos blancos parecidos a pústulas y los abiertos, los puntos oscurecidos por la oxidación de la grasa del folículo pilosebáceo.
El acné se produce cuando, fundamentalmente por los cambios hormonales que ocurren durante la pubertad, y especialmente por acción de la hormona testosterona, las glándulas sebáceas que se encuentran en cada bulbo pilosebáceo entran en hiperactividad.
A veces, el bulbo pilosebáceo --que es también la raíz de cada pelo-- queda obstruido y crece por acumulación de la grasa producida.
A su vez, habita dentro del bulbo la bacteria Propionibacterium acnes, que en tales circunstancias comienza a proliferar.
El resultado es un proceso de inflamaciones y pústulas en la piel, a veces leve, a veces no tanto.
Como en la cara y la parte central del pecho y la espalda, los bulbos pilosebáceos dan lugar predominantemente a glándulas sebáceas más que a pelo (al revés de lo que sucede en casi todo el resto del cuerpo).
Es allí donde se manifiesta en la mayoría de los casos el acné, en la parte más visible.
Esto hace que, pese a que usualmente no genere mayores problemas de salud, y aunque luego de un período de unos cinco años generalmente desaparezca tan espontáneamente como apareció.
De acuerdo con las cifras de un estudio publicado en el último Consenso sobre Acné elaborado por la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD), el 62 por ciento de las consultas fueron hechas por mujeres, de edades entre 12 y 26 años, y el promedio de edad de quienes consultan por este problema está entre 14 y 15 años.
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