(10/07/07)
La cosmética es una de las industrias que más cambios ha tenido desde su nacimiento. A los productos, colores y texturas, hoy se suma la tecnología. Además, no se realizan pruebas en animales, no sólo por respeto a las especies antiguamente afectadas, sino porque ya no es necesario.
El laboratorio de Saffern, en Nueva York, cuenta con más de 300 científicos dedicados a la investigación y al desarrollo, porque ya no basta con pensar que una crema puede servir para tratar las arrugas: ahora hay que demostrarlo.
En los laboratorios clínicos de las grandes compañías mundiales se analizan los distintos tipos de piel. Tomando una fotografía del rostro se determinan los daños de los rayos UV, las arrugas subyacentes, las manchas y los poros obstruidos. Después de un tiempo, y de aplicar algún producto en particular, se repite el proceso y se obtiene un porcentaje de eficacia.
Gracias a esta tecnología se llega a productos específicos de tratamiento anti-edad. Cada crema, cada labial, cada fragancia se prueba cientos de veces antes de llegar al mercado.
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